Cuenca Pitahayera de Los Chunes, una realidad consolidada

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Felipe Carrillo Puerto.- Iniciada hace 21 años como una alternativa ante el desastre sufrido en sus actividades tradicionales de subsistencia, la Cuenca Pitahayera de Los Chunes, en el municipio Felipe Carrillo Puerto, es una realidad consolidada, pero requiere de apoyo efectivo para lograr la comercialización en el extranjero de un mayor volumen de su producto, un fruto muy apreciado por el paladar, y así sostener la rentabilidad de este cultivo, al que le apuestan para salir de su ancestral pobreza.

La creación de la Cuenca Pitahayera de los Chunes fue una alternativa de producción a la que fueron orillados los campesinos de la Zona Maya luego de padecer un huracán que arrasó toda la actividad del campo, desde las milpas, el chicle hasta la apicultura. En los inicios tuvo obstáculos, como la falta de semilla, y para su consolidación se tuvo que pasar casi una década.

La región de Los Chunes se ubica al norte del municipio Felipe Carrillo Puerto, integrada con las comunidades Chumpón, Chun On, Chun-Yah, Francisco I. Madero, San Hipólito, Tac-Chivo, X-Hazil Norte, X-Hazil Primero, San Antonio, Yaxché Chal, San Ramón, Kancepchén, Trapich, entre otras localidades, que se han sumado a esta actividad.

Hoy en día en esta región se cuenta con más de mil hectáreas de tierras sembradas de pitahaya, cultivo en el que participan campesinos de por lo menos 20 comunidades indígenas, pero el problema que no han podido superar es la falta de mercado, y la sobreproducción podría traer problemas, reconocieron los productores.

La pitahaya (palabra proveniente de las Antillas Mayores que significa fruta escamosa en lenguaje taíno), es el fruto de un cactus rústico de tallos largos, que se enreda en las rocas o en los tallos de árboles, sin penetrar en tierra, por lo cual la planta es muy resistente a las sequías, mismas que en los últimos años han sido la causa de muchas pérdidas para los campesinos que cultivan la milpa en la Zona Maya de Quintana Roo.

De acuerdo con el presidente de la Cuenca Pitahayera Mukil Meyah, Pedro Cen Aguilar, este proyecto dio inicio desde el año de 1996, tras el paso de un huracán que prácticamente arrasó con todas las actividades que realizaban en el campo, por lo que los productores buscaron otras alternativas para subsistir en la zona de Los Chunes.
“Es cuando se empezó a buscar una semilla adecuada para la producción de la pitahaya, pero desconocemos la procedencia de las primeras semillas, que no fueron tan buenas; tal pareciera que fueron semillas silvestres, por lo que no fue como lo que se esperaba; por las pláticas que nos dieron los técnicos la gente aprendió mucho, pero en el campo las cosas no se dieron como se esperaba. Se inició la siembra de la pitahaya en las localidades de Chumpón, Chun On, Francisco I. Madero, Chun-Yah, Kankabchén, entre otras, proyecto que benefició a por lo menos 96 productores, donde se distribuyeron 11 mil plantas”, relató en lengua maya.

En un principio, la pitahaya se sembraba junto a las albarradas o mojoneras, tutores muertos (postes o troncos secos), pero las plantas no se desarrollaron ni tampoco se produjeron bien, por lo que los productores se empezaron a desanimar y ya no le siguieron con la siembra y mantenimiento de los campos de pitahaya que se tenían.

Actualmente en esta sociedad se tienen registradas alrededor de 300 hectáreas de pitahaya donde trabajan los 90 socios, y cada productor cuenta con por lo menos una superficie de tres hectáreas. Además, se cuenta con por lo menos otras 200 hectáreas consideradas como una ampliación y que trabajan estos mismos socios.

En estas mismas comunidades han sembrado personas que no son socios y que han vendido su producción a esa sociedad, por lo que consideran que actualmente se tiene un aproximado de mil hectáreas de pitahaya en esta cuenca, que incluye por lo menos 20 localidades de la región.
Además, están surgiendo nuevos campos de producción en Tihosuco, Tepich y Santa Rosa.

Problemas que enfrentan
“Ya consolidado y teniendo la producción empezamos a vender la fruta por kilos, y en ese entonces estaba a ocho pesos en promedio; posteriormente, empezó a incrementarse hasta 15 pesos el kilo, pero desafortunadamente el problema que estamos padeciendo es la comercialización”, refiere Pedro Cen Aguilar.

Explica que en esta temporada que está a punto de concluir exportaron por lo menos 40 toneladas al extranjero, principalmente al mercado norteamericano, específicamente a Texas, pero están buscando la forma de acceder a otros mercados para que puedan comercializar al extranjero un mayor volumen, “porque en el mercado local se abarata mucho el precio, sobre todo ahora que se tiene en abundancia; esto nos está perjudicando también a los productores pioneros”. 

También mucho ha servido el centro de empaque con que cuenta esta organización, ya que se cumple con las normas para exportar al extranjero y esto es de gran beneficio al productor, puesto que obtiene una mayor ganancia del trabajo que realiza en el campo.

La fruta de la pitahaya es deliciosa, contiene una pulpa suave, dulce y blanda en los cultivares de color amarillo, y carmesí en las variedades de piel roja, que suelen contener menos azúcar.

Las primeras cosechas se realizan durante los meses de junio, julio, pero en agosto y septiembre se empieza abaratar el precio, por la gran cantidad de fruta que se cosecha en estos meses, y al no tener un mercado seguro es cuando tienen problemas y los precios empieza a bajar.

Emprendiendo lo que será una fuente de ingreso

En la comunidad de Chun-Yah, el productor Santos Poot Aké se encontraba en su parcela realizando la siembra de los esquejes de la pitahaya, para lo cual ya había realizado la tumba de los árboles, dejando únicamente los troncos que será los tutores vivos.

Este día don Santos, junto con su hijo, emprendió lo que en los próximos años será su fuente de ingreso familiar, haciendo a un lado la siembra de la milpa.
Con el rostro curtido por los ardientes rayos de sol, el campesino se encargaba de colocar los esquejes de pitahaya en los tutores vivos, sosteniendo únicamente con un pedazo de nailon, para que la planta a futuro pueda enraizar tanto en la tierra como en el tronco.

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