Entre la pobreza y la falta de oportunidades

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Bacalar.- Del poblado Reforma a Miguel Alemán y pueblos colindantes en el décimo municipio, cientos de habitantes sobreviven entre la pobreza y falta de oportunidades en que se encuentran.

El abandono que sufren sus habitantes data desde los tiempos en que pertenecían al Ayuntamiento de Othón P. Blanco y con la creación de Bacalar como el décimo municipio creado por decreto del Congreso del Estado de Quintana Roo el 2 de febrero de 2011, la situación no ha mejorado para las familias que conforman esa demarcación.

La ruta de la pobreza inicia en Reforma, población que se ubica a 10 kilómetros de la cabecera municipal de Bacalar, en donde se observan milpas secas, ranchos sin ganado y casas de maderas con pencas de huano como techos.

Conforme se avanza en la deteriorada carretera Reforma–Miguel Alemán, se observa a familias de origen maya que habitan en casas de madera, algunas con láminas de zinc y otras de cartón, y muy pocas tienen casas de bloques y cemento.

Altos de Sevilla es la primera parada y es la comunidad en donde convergen las carreteras estatales que van a El Paraíso, David Gustavo a Miguel Alemán, Río Escondido hasta Payo Obispo y San Román, que comunica con las poblaciones de San Pedro Peralta y Morocoy, Othón P. Blanco.

Cualquiera de las cuatro rutas comunica con pueblos que se encuentran en el subdesarrollo por la falta de servicios médicos, educación, empleo, apoyos de los tres niveles de gobierno, sobre todo del presidente municipal Alexander Zetina Aguiluz.

La mayoría de los habitantes tiene en sus patios montones de madera seca que emplean para hacer leña, sobre todo porque el gas licuado de petróleo (LP) se encuentra muy caro y para muchas familias es inalcanzable llenar un cilindro de 20 o 30 kilogramos.

En caso de alguna enfermedad durante los fines de semana los pobladores tienen que acudir hasta Bacalar para atenderse, haciendo un recorrido de aproximadamente 40 minutos, pero el problema es que son muy pocos los que cuentan con vehículo propio.

En la comunidad Buena Esperanza el comisario ejidal, Rey David Tun Tuz, denunció que se tiene un centro de salud, pero no brinda atención los fines de semana y entresemana es muy deficiente.

Para llegar al poblado Buena Esperanza desde El Paraíso se recorre un camino pavimentado de alrededor de 10 kilómetros, el cual es de las pocas cosas que acercan a esta comunidad a la modernidad, ya que al adentrarse al pueblo uno se da cuenta de la pobreza y marginación en la que viven sus casi 500 habitantes, con calles de terracería y un parque abandonado.

La escuela telesecundaria Comité Proterritorio, ubicada en Buena Esperanza, está tan vieja y abandonada que en su estructura presenta cuarteaduras que se han formado con el paso de los años y, aunque no es adecuada para proteger a las personas del embate de un huracán, muchas familias son las que se refugian en ella cuando hay una contingencia de esta índole.

En la comunidad Otilio Montaño, Bertoldo Díaz expresó que los apoyos a los campesinos no llegan en tiempo y forma, es por ello que cuando viaja a la capital del estado sólo observa milpas en pésimas condiciones y tierras ociosas.

En la televisión los aspirantes a presidentes de la Republica siempre dicen que es la hora del campo, que ahora le van inyectar recursos como nunca para revertir la pobreza, pero es puro cuento.

Díaz Ramírez destacó que los apoyos del Progan y Proagro Productivo no les han llegado a la mayoría de los campesinos. “Yo considero que los recursos deben de llegar en tiempo y forma, porque de lo contrario sirven de poco”.

Señaló que ante la falta de apoyos a la agricultura, la mayoría de los jóvenes está abandonado el campo y se van en busca de empleo a las zonas turísticas, y los que se quedan es porque tienen marcado su destino con sufrimientos y penurias.

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