Felipe Carrillo Puerto.- Las condiciones climáticas y el bajo precio de la goma, son factores que han obligado a muchos productores del chicle a desajenarse de esta actividad que se viene realizando desde hace varias generaciones. “En algunas ocasiones nos han adquirido el kilo de la goma hasta en 70 pesos, pese a las dificultades que se tienen que superar, como los peligros en la selva, las condiciones climáticas, y de último, se macheteen el precio”, señaló el Dignatario Maya José Isabel Sulub Cimá.
Don Isabel Sulub, mencionó que esta temporada que concluyó en diciembre del año pasado, por diferentes razones, entre estos enfermedad, no pudo realizar la actividad chiclera, pero que hasta donde tiene entendido el precio del chicle en la cooperativa es de 70 pesos; «quizá haya aumentado unos pesos, pero ni aun así, el precio del producto está muy barato, esto a pesar de que el trabajo que realiza cada chiclero es muy laborioso, los días que se interna en el monte para pasar las inclemencias del tiempo, y los peligros que corre en la selva».
Dijo que como chicleros corren grandes peligros, dado que al momento de trepar en los arboles del chicozapote, en forma accidental algun chiclero podría cortar la zona que se utiliza para sostenerlo al momento de hacer los cortes de la corteza para la extracción de la resina.
Don Isabel señaló que en la comunidad de Dzulá existe un promedio de 70 personas que se dedican a la actividad chiclera, pero en estos últimos años se han visto afectados con los cambios climáticos, ya que en ocasiones, durante la temporada, simplemente no cae la lluvia. «Nosotros los chicleros nos internamos al monte luego de que sembramos nuestras milpas, que es en el mes de junio, y cuando se acaba la temporada de la cosecha de la resina del chicozapote, en diciembre, para eso ya empezamos a cosechar la milpa, si es que se tiene producción”.
Es el bajo precio del kilo de la goma lo que desanima a muchos de los productores, que a pesar de los obstáculos que tienen que superar, tienen que aguantar que la cooperativa únicamente les pague unos cuantos pesos. Esta situación ha provocado que estas personas busquen otras alternativas para poder llevar dinero a la familia.
La resina exaída de los elevados árboles de chicozapote se comercializa como goma de mascar orgánica en los mercados europeos y asiáticos, pero los beneficios que se obtienen de la comercialización siguen alejados de los indígenas mayas que la recolectan, pues además del bajo precio que les pagan por la materia prima, carecen de seguridad social, incluso de la posibilidad de poder vender el chicle libremente en el mercado, antes eran víctimas de intermediarios, ahora “el consorcio chiclero” monopoliza la compra.
Justino Xiu Chan/Por Esto!