Mexico.- A 20 años de la producción de la primera planta de maíz genéticamente modificada, los llamados cultivos transgénicos se realizan en casi 2 mil millones de hectáreas en todo el mundo -es decir, en el 10 por ciento de toda área cultivada de nuestro planeta-; en México esta opción de biotecnología sigue inmersa en la confrontación legal y pública.
“Es aberrante por parte de la autoridad y de quienes se oponen, el que estemos consumiendo alrededor de un tercio de todo lo que comemos en el país -en todas sus presentaciones- de maíz transgénico y no nos dejen sembrar a nosotros”, reclamó y sintetizó así esta contradicción, el presidente de la Alianza Protransgénicos, Rubén Chávez Villagrán.
En entrevista con El Sol de Durango, el líder de la organización que está integrada por el Consejo Nacional Agropecuario (CNA), organismo cúpula del sector agroalimentario; por consejos estatales agropecuarios de estados como Durango y Chihuahua; por la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio; investigadores y científicos, así como uniones de productores de maíz y de leche, lanzó un duro cuestionamiento público al impasse que prevalece en torno a la autorización para el cultivo de maíz transgénico para fines comerciales en nuestro país.
El magistrado del Segundo Tribunal Unitario en materia Civil y Administrativa del Primer Circuito levantó el pasado 8 de marzo la suspensión al otorgamiento de permisos para siembras experimentales y en programa piloto de maíz transgénico. Ante esta sentencia que sienta un precedente positivo para el avance de la biotecnología agrícola en México y da pie a que continúe la investigación científica pública y privada, así como el desarrollo de productos biotecnológicos, Chávez Villagrán define: “en un avance de escala del 1 al 100 estamos en el 40”.
El presidente de la Alianza Protransgénicos reconoce que en esta decisión judicial “hay un avance importante, hace mes y medio estábamos en una situación de prácticamente cero. La calificación se nota pero sigue siendo reprobatoria, necesitamos los permisos comerciales para poder sembrar, no en todo el país sino en las zonas que de acuerdo a la Ley de Organismos Genéticamente Modificados así lo permitiera”.
Al ilustrar con cifras el impacto que podría detonar la autorización para la siembra de maíz transgénico, nuestro entrevistado señaló que el año pasado México importó poco más de 12 millones de toneladas de un total de 35 millones que se consumen y “al paso que va, el consumo de proteína en sus diferentes presentaciones para diferentes usos está creciendo y la producción no está creciendo en la misma proporción”.
El cultivo transgénico permite una producción de cerca de 15 toneladas de maíz por hectárea, en tanto que con la semilla tradicional se alcanzan 3, 4 o difícilmente 5 toneladas por hectárea. Esa es la dimensión que abre la biotecnología, acota.
“Estamos en un país necesitado, en condiciones económicas adversas y no podemos estar siendo rehenes” de este diferendo legal, señala.
Rubén Chávez Villagrán refiere que hace tres meses vinieron a México productores de Paraguay y de Argentina como expositores, “ellos decían hablando en torno a Paraguay que en 10 años incrementaron el rendimiento por hectárea en un 630 por ciento, y nosotros seguimos todavía en 3 toneladas por hectárea a nivel nacional, el rendimiento promedio mundial está en 5 incluyendo los países más rezagados de África, Centroamérica y todos los demás, nosotros seguimos aferrados a eso”.
Enfático aseveró que contra las versiones difundidas por organizaciones que se oponen al cultivo de transgénicos en el sentido de que éstos pueden ser cancerígenos, “no hay ninguna evidencia científica y voy más allá: se están cumpliendo 20 años de que comercialmente se está sembrando maíz transgénico y con 20 años ‘comiendo veneno’ ya nos hubiera tragado la tierra; en Estados Unidos, alto productor de transgénico, si a alguien le hiciera daño, no les alcanza el capital que tienen esas compañías para pagar las demandas que llegarían ahí”.
Se han aprobado más de cien cultivos transgénicos para consumo tanto humano como animal en un lapso de 15 años, y de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), son tan seguros como los convencionales.
El maíz genéticamente modificado se comenzó a utilizar en 1996 en Estados Unidos. Actualmente se siembra en 18 países del mundo, en una extensión total de casi 50 millones de hectáreas. Estos cultivos han traído importantes beneficios al medio ambiente, a la productividad y principalmente a la economía de los agricultores que los siembran, sin haber presentado en los 15 años de uso, ningún indicio de impacto negativo a la salud humana, animal o a la biodiversidad.
Estas variedades de maíz han ido elevando su cobertura y productividad en países como Estados Unidos, Argentina, Brasil y Canadá, así como en Chile, Colombia, Honduras y Uruguay en América; en Europa, se cultiva en, Eslovaquia, España, Polonia, Portugal, la República Checa y Rumania; Sudáfrica y Egipto lo hacen en África y Filipinas en Asia.
Ante la decisión reciente de la autoridad jurisdiccional para levantar la suspensión a la siembra experimental de maíz transgénico, el presidente de la Alianza Protransgénicos explica que ahora se están orientando estrategias en dos sentidos: Uno, solicitar a las compañías para que reelaboren todos los expedientes para que soliciten de nuevo los permisos para siembra experimental y siembra piloto, ya que la ley sólo llega hasta ahí. Y, dos, emprenderemos acciones para que las autoridades, hablando del ejecutivo y también del legislativo, para que se vuelvan a abrir los permisos para siembras comerciales de maíz.
Chávez Villagrán consigna que en este momento se tienen permisos para algodón transgénico en Chihuahua y para otros productos que se manejan el resto del país, “pero a nosotros nos interesa mucho el maíz, hablando de Chihuahua concretamente nosotros estamos produciendo alrededor del 50 por ciento de la oferta nacional de maíz amarillo y para nosotros es fundamental; lo mismo pasa con el algodón, la siembra que se hace aquí en el Estado representa el 60 y 65 por ciento de la oferta nacional”.
“Vamos a seguir insistiendo con los tres órdenes de gobierno para que se analice y ellos tomen la decisión que va en el sentido prácticamente del resto del mundo” para la autorización de plantaciones comerciales transgénicas, agregó.
Reconoció el entrevistado que se han creado grandes mitos y controversias en torno a los cultivos transgénicos en nuestro país.
Para definir la función de un producto genéticamente modificado, ejemplificó el caso de la insulina: “Desde hace poco más de 20 años la insulina que se inyecta cualquier persona en este mundo que tiene problemas de diabetes es un transgénico”.
Agregó que hace más de 30 años la diabetes era una enfermedad para ricos que se tenía que atender en las grandes ciudades, el ingrediente si se enfriaba de más o se calentaba de más se echaba a perder y a partir de que se hizo un transgénico -una parte también viene de animal, de cerdo o de bovino, pero la otra parte que le da estabilidad es una bacteria- ahora el medicamento llega prácticamente a cualquier rincón del país, se vende en cualquier farmacia, de la otra manera nadie se podía atender.
“Entonces ese medicamento también es un transgénico y se usa en todo el mundo de esa manera, en lugar de costar una ampolleta, en números imaginarios, 50 dólares, ahora cuesta 10 centavos de dólar; y es el mismo caso de la agricultura, es una biotecnología aplicada”, puntualizó finalmente.
Fuente: Info Rural