Todos alguna vez hemos escuchado la expresión “cavar nuestra propia tumba”, y no falta ser muy inteligente para saber a qué nos referimos. En estos tiempos de pandemia, sí, porque aunque usted vea todo muy calmado seguimos en pandemia, México se ha convertido en un ejemplo perfecto de lo que no se debe hacer en una contingencia sanitaria como la que originó el Covid-19, y es que son decenas de personas las que vemos por las calles caminando con el cubre bocas mal puesto, algunos inclusive más valientes sin hacer uso del mismo porque “es todo un invento del gobierno”.
Está de más mencionar cuales son los protocolos a seguir, o cómo funciona el color del semáforo epidemiológico, porque al final de cuentas, los mexicanos, mayormente los más ignorantes y tercos, son quienes nos mantienen como el tercer país de Latinoamérica con más casos registrados (1.8 millones), y no me malinterprete, la ignorancia en este caso es selectiva, y muy lamentablemente, mal informada desde la más alta esfera de poder de nuestra nación, con un mandatario que todavía la primera semana de marzo del 2020 invitaba a la gente a seguir consumiendo en establecimientos y les decía que no se espanten, todo para que casi un año después resultara positivo a covid-19 y tuviera que ser aislado en Palacio Nacional.
Sin embargo, la problemática no recae en un solo ser, recae también en anteponer la tradición y el convivio familiar antes que la salud. ¿Cómo olvidar ese no tan lejano diciembre? Donde todos fingieron no saber que existía una enfermedad letal rondando por el mundo y decidieron reunirse con tíos, abuelos, primos y cuanto familiar se pudiera en sus casas, donde muchos tomaron el primer vuelo hacia otra ciudad, que importa si presentaba un gran riesgo de contagio, ¡Es navidad!
Al día de hoy mucho se ha hablado de sanciones a negocios por no mantener las medidas necesarias, pero ¿Qué tan bajo debemos caer para que las autoridades competentes realmente infraccionen a quien no esté cumpliendo?, porque todo indica que al pequeño comerciante lo traen a raya, pero a los grandes comercios ni los tocan, de hecho, en muchos de ellos ni siquiera se ha capacitado al personal de los accesos para actuar de manera responsable, todo se traduce en aplicar un poco de gel anti bacterial de dudosa calidad, apretar un botón en un termómetro de pistola erróneamente dirigido a las extremidades y finalmente, hacer que el cliente pise un tapete más seco que un desierto.
Vaya usted a saber cuántos contagios no se generaron en un supermercado o tienda departamental. Por eso mis mexicanos, los invito a seguir cavando su propia tumba, a seguir jugándole al inmortal, para posteriormente culpar a los trabajadores del sector salud por no admitir a un familiar en condiciones graves y tacharlos de asesinos. Lo invito, total somos más de 130,000,000 de mexicanos y ya nos mataron a 146,000. ¿Qué más da ser el siguiente?
Por: Roberto Torres