Mucho es lo que creemos saber cómo padres respecto a las actividades que nuestros hijos realizan, con quienes socializan y sus gustos, sin embargo, la realidad es que podríamos vivir engañados al sentirnos con conocedores de todo lo anterior mencionado.
El caso, especialmente con los menores de 13 años, resulta realmente preocupante si pensamos de una seguridad, específicamente de la cibernética.
En la última década la popularidad de los videojuegos interactivos ha crecido desmesuradamente. Entregas tales como Minecraft, Roblox, Free Fire y otros tantos donde los menores pueden interactuar entre ellos los exponen en cierto modo a gente mal intencionada, pues si bien podemos restringir lo que juegan y lo que no, la interacción con otros usuarios es esencial para que la jugabilidad se explote al máximo.
La desventaja es que precisamente, no sabemos nunca quien está del otro lado de la pantalla, ya que no existe como tal una limitante respecto a la edad de los jugadores, lo que podría ser aprovechado para perpetrar actos delictivos contra los menores.
En días pasados se dio a conocer el caso de una menor en Chetumal que por medio de Facebook sostenía una relación con un hombre más grande, mismo que la convenció para huir de la capital y vivir juntos. Por fortuna su tío se enteró de la situación y alcanzaron a impedir la huida, pero no todos los menores corren con la misma suerte.
Dado que se conocen muchas formas de atentar contra los menores, el contacto físico no siempre es necesario para saber que se han vulnerado la integridad de los niños, pues las personas interesadas en ellos podrían también pedir desde datos personales hasta fotos íntimas.
Como padres y sociedad, no debemos frenar el entretenimiento de nuestros menores, sin embargo, es nuestra responsabilidad cuidar de ellos y enseñarles lo que es correcto y cuando poner un límite, así como incentivarlos a tenernos confianza de contarnos lo que les haga sentir inseguros.